Detrás del muro de cristal aguardando observo cada puñetazo. Cada vez que tus brazos se desgarran contra la totalidad de mi ser, y aunque hace poco que el cristal se rompió, todavía no percibo tu sorpresa. Todavía se siente el alma y el corazón cantando al unísono. Cual metrónomo estropeado o cantante sin retorno. No veo tus por qués en la noche de viernes. Triste, gris y lluviosa. Asesina de pasiones y autora intelectual de cualquier estado de soledad.
Quisiera saber dónde estás.
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